Un buen escrito debe ser redactado por el corazón y corregido por la razón. Pero en esta ocasión no pretendo corregir absolutamente nada de lo que escriba.
Si bien eso de ser una romántica empedernida me ha permitido expandir mi experiencia, mi carisma, mi motivación, mi pasión, siendo sincera también me lo ha cobrado muy caro.
Nadie tiene la verdad absoluta puesto que ésta es relativa, tu verdad no es mi verdad y mi verdad no es la tuya. Pero daría mi vida sin siquiera pensarlo por conocer al verdad, por tener en mis manos la respuesta concreta y certera a todas esas interrogantes que me quitan el sueño noche tras noche.
¿Qué es el amor? ¿En verdad existe? Y si existe, ¿Cómo se vive?
Una vez me dijeron que el amor es una decisión, en otra oportunidad que es un sentimiento indescriptible, luego que era un engaño de la misma sociedad basado en una emoción efímera para darle sentido a la vida de muchos desdichados infelices.
Quema por dentro y destroza poco a poco cada rincón del alma. Hiel, veneno puro, Limón y sal en la herida. De esa manera lo defino pues así lo vivo yo.
Llena de impotencia y consume la calma, sujeta mis manos fuertemente en mi intento fallido de usarlas para arrancar los recuerdos de mi memoria y el dolor de mi pecho. Consume mis días, atormenta mis noches. Me mata a fuego lento.
Colma mis adentros de impotencia y amargura mientras dibuja en mi rostro caretas.
¿Es posible amar tanto? ¿Es posible entregar el sentido de tu vida a una persona sin darte cuenta? Recuerdos y mas recuerdos me atormentan y abren el grifo que deja caer noche tras noche el quebranto de mi alma.
Llanto que ahoga, que hiere, que susurra a mi oído que todo se perdió, que la luz se apagó, que la magia se agoto, que la ilusión se termino. y es que, ¿En algún momento en verdad todo esto existió?
El misterio en su mirada, el aroma de su piel, la forma exquisita de sus labios, la majestuosidad de sus caricias, el gemir de su placer, la magia de su presencia, el temblor de su nombre, lo incierto de sus palabras, su cabello suave, su espalda fuerte, mi nombre en sus labios, el suyo en los míos. Miles de emociones aflorantes. Un torbellino de sensaciones fusionadas. El y solo el. Yo y solo yo.
Me arde el alma, así como arden mis ojos de tanto llorarlo, de tanto anhelarlo.
Se esfumo en mis manos como arena entre mis dedos, llevandose todo con el, arrasando con mi soñar y mi dulzura.
Temo entrar en lo profundo de mi ser para sacarle ventaja a la realidad y tenerte conmigo unos instantes porque mi autocontrol se vendría al suelo junto con todo lo que creo ya haber logrado. Te abrazaría como siempre, con miedo a soltarte. Te besaría como nunca, sin temor a gastarte. Te observaría detenidamente, cada detalle de tu ser, cada rasgo hipnotizador de tu persona. Y en la mayor expresión de idolatría acariciar tu alma y tus pensamientos en mi intento de sumergirme en lo mas profundo de ellos, nadando en el mar de tus adentros, encendiendo la llama de tus demonios y coronando cada ente celestial que en ti conviven juntos en total armonía. Temo en tu ausencia adentrarme mas en tu interior, temo quedarme allí, te temo a ti, le temo a lo que me haces sentir desde que te conocí.
¿Pero que mas puedo hacer? Si superarte lo he intentado, si en mis intentos por sacarte de mi mente te plasmas cada vez mas en ella, si haga lo que haga o vaya donde vaya aun sin estar estas, sin quererlo te tengo, sin saberlo te anhelo... Sin desearlo te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario